Irnos de México fue una decisión sencilla. Corina había dejado su trabajo y yo el mío. Desde que nos conocimos habíamos fantaseado con la idea de ir a vivir a otro país y nuestra ciudad favorita es Buenos Aires. Además, aquí vivía (y vive) su hermana y después vendría su mamá. Desde antes de conocer a La Esposa, yo quería vivir en esta ciudad y estuve a punto de hacerlo en 2009 durante el intercambio, pero por cosas del destino acabé en Shanghai. Tenía esa espina clavada y era “ahora o nunca”.
Durante meses nos preparamos para ese día. A Los Mariachis les compramos sus respectivos kennels e intentamos entrenarlos para que fuera menos estresante. Obviamente no funcionó y era casi imposible que se metieran.
Cori se encargó de vender todo lo que no iba a venir. Gran vendedora de marketplace friends and family para cuando necesiten ayuda eh. En menos de un mes ya se había desprendido de todo. Vendimos los coches. Uno se quedó en la familia y el otro fue a parar a Kavak, donde querían verle la cara a Cori, pero papá intervino para que le dieran más dinero por la camioneta.
Vacunamos a los perros con la anticipación necesaria, hicimos todos los trámites ante Senasica unos días antes y dejamos la casa. Cori dice que la última noche estuvimos allí, pero yo no recuerdo. Asegura que yo ni dormí por los últimos pendientes e imprevistos.
El vuelo que nos trajo a Buenos Aires despegaba de México a las 10 de la mañana. Entonces madrugamos. La verdad es que ese día fue más fácil de lo previsto. Ya habíamos hecho tres viajes previos con la mudanza y en esa ocasión ya solamente teníamos que mover a los perros.
En Buenos Aires, Nico mi concuño había ido por una camioneta que rentamos para poder ir por nosotros. Los kennels de Chopi y Panchito son enormes y apenas cupieron. Esos firulaises llegaron tan estresados que obviamente se hicieron cacuchis. Esas cosas eran un batidillo y apestaban. Las mujeres iban en el coche de Los Marielos y Nico y yo en la camioneta rentada en plena carretera a -2 grados con las ventanas abiertas por el olor.
Volamos en domingo para que todo fuera más smooth y no nos equivocamos. El vuelo lo cerraban a las 9am y llegamos a las 8:15 a documentar a los perrines. Contemplé que el proceso tardara cuarenta minutos y así fue. A las 8:55 nos despedimos de Chopi y Pancho. Fue un momento de mucha tensión, pero iba preparado. ya me había tomado medio Clonazepam para los nervios. Si las cosas no salen bien, sabes que es la última vez que verás a tu mascota y tienes que estar preparado para todo. Te despides con el Jesús en la boca.
Faltaba apenas una hora para el despegue y llegó el momento de la despedida. Cori lloró al abrazarse con los que nos acompañaron, pero yo no. Es que para mí no era un momento triste. Nos vinimos a vivir a Buenos Aires por gusto, nada ni nadie nos obligó. Entiendo que fue un rato de dolor, pero ni una pinche lágrima me salió y qué bueno. Otras veces sí he llorado y eso que me iba por unos días. Todo depende del mood. Creo que me preparé bien para ese día.

Y bueno, llegó la hora del avión. Fito iba en un Sherpa, pero al ser animal de soporte emocional, podía ir afuera. Entonces el perrito iba partiendo plaza por la T2 del Aeropuerto de México. Naaaambre, ese cabroncito fue la sensación. Todo mundo la saludaba y cuando se subió al avión, la gente estaba encantada y él como pez en el agua. Mientras mis otros dos chaparritos en la pista sufriendo.
Momento del despegue y ahora sí... ¡Ámonos recio! ¡Ámonos tendido a nuestra nueva vida! En cuanto el avión aceleró, Fito se puso nervioso y no dejaba de temblar. Pensamos que le daría uno de sus típicos ataques de epilepsia, pero fiufff que no le dio. Viajamos atrás y compramos un asiento extra para tener toda la fila para que él fuera más cómodo. No la pasó tan mal.
Aterrizamos en Buenos Aires a las 9 de la noche. Corina al ser mitad argentina no tuvo problema para entrar. Yo había tramitado desde México mi residencia permanente, pero al ser mi primera entrada al país con ese status, me mandaron al cuartito un rato en Migración. Así que fue ella la que se encargó de sacar a Chopi y Pancho del baggage claim.
*El video de arriba es del momento en que Cori se reencontró con Los Mariachis.
Antes de cruzar Aduana hicimos los trámites en Senasa del ingreso a Argentina de los tres perrines. Fue rapídisimo. Menos de diez minutos nos llevó el trámite de todos. Era un desmadre porque teníamos tres carritos (uno del kennel de Chopi, otro de Pancho y el de las maletas) y obviamente no hay maleteros o alguien para ayudarte en ese espacio antes de pasar Aduana. No sé qué hizo mi suegra desde afuera (ella estaba en Buenos Aires esperándonos) que repentinamente apareció un maletero a grito pelado “¡Corina, Corina!” y salvó la noche ayudándonos.
Y vino el reencuentro con Los Marielos y mi suegra. ¡La bienvenida!
Esa noche ha sido la más fría en los más de siete años que tenemos viviendo aquí. Estábamos por debajo de los cero grados. Llegamos a nuestra nueva casa en Palermo y Los Mariachis estaban en éxtasis. Lo malo es que por el estrés tuvieron gastritis aguda y se hacían por todas partes. Después de un rato, Los Marielos y mi suegra se fueron y empezamos esta aventura. ¿Ha valido la pena? No lo sé. Lo que sí sé es que no me arrepiento de haberlo hecho. Lo volvería a hacer.
Ya de salida…
Unos años después, mi suegra también vendría a vivir a Buenos Aires. Esta foto la tomé dos minutos después de haber despegado. Ella sí lloró en cuanto el avión aceleró para despegar
Especial agradecimiento a Mariela, Anto, Nico y mi suegra por recibirnos. También para Anna y Juanito Portilla que guardaron nuestra mudanza durante algunas semanas en su casa. Y por supuesto, a mamá, papá y Cachuchas.
Más imágenes de esos días…
















