Alguna vez me propuse prender el asador 100 veces en un año y fallé. Me quedé en 97 porque ese diciembre en Buenos Aires no dejó de llover y nada, me la pelé. Sin embargo, cómo disfruté el proceso. Y antes de que lo pregunten: sí, subí como 8 kilos en ese lapso.
A los hombres nos gusta juntarnos alrededor del asador. No me pregunten juay, pero es nuestro ritual. Yo extraño mucho eso porque generalmente lo prendo solamente para la esposa y Los Mariachis. De cualquier forma, me encantan esas tres horas cerca del fuego. Es como ir a terapia (solamente he ido 4 veces en mi vida, pero así de relajante es).
En aquel lejano 2023, la última vez que me tocó prender el asador fue para la noche de Año Nuevo. Mamuchi, Corina, su mamá suya de ella y yo, fuimos a ver auroras boreales a Canadá y me cuidé de que el Airbnb tuviese parrilla porque sería la noche en que coronaría la hazaña de las 100 prendidas en el año.
Recorrimos todo el continente. Entre Yellowknife y Buenos Aires hay 12 mil kilómetros, la misma distancia entre Ciudad de México y Corea del Sur. Ese año lo comenzamos en el Polo Sur en Ushuaia en el Fin del Mundo y lo terminamos en el Polo Norte.
En Yellowknife no hay mucho que hacer. Lo típico es ir al trineo jalado por perros (que no lo recomiendo, mucha crueldad con los lomitos suavecitos), observar auroras boreales durante la madrugada, treparse a las motos de nieve y párenle de contar. Es un pueblo de 20 mil personas y no es queja. Ya sabíamos que a eso íbamos. Nos llevamos unos buenos libros y vinos y jugamos Big Brother durante cinco días. Fue muy divertido (aunque fui el primer expulsado ya que me enojé porque la primera noche acabamos cenando Domino’s Pizza).
Total que el 31 de diciembre ahí me tienen formado en la única carnicería de todo el pueblo. Desde días antes tuve que hablar por teléfono (sí, a veces todavía lo hacemos) y apalabrarme con el carnicero para que tuviese la pieza que quería y me la cortara a mi antojo y no como la piden los gringos y canadienses.

Al final no se dio lo de prender el asador 100 veces en un año, pero de cualquier forma fue memorable, a pesar de que la parrilla era de gas. No soy fan, pero supongo que es la única opción a -20 grados. ¡Cómo disfrutamos ese viaje!






